HISTORIAS DE INTERÉS

Una niña encontró un viejo diario en el parque y se dio cuenta de que alguien había estado esperando esta carta durante muchos años

Era un sábado como cualquier otro. Chloe, una niña de doce años con su siempre despeinada coleta y una curiosidad que podría rivalizar con la de los gatos, caminaba por el parque recogiendo hojas otoñales para un proyecto escolar. Su ruta la llevaba a través de un viejo quiosco cerca del estanque, que hacía mucho nadie reparaba. Justo allí, debajo del banco, vio algo oscuro, plano y cubierto de polvo.

Se agachó y sacó un pequeño cuaderno desgastado con una cubierta de cuero. En las primeras páginas había fechas de hace veinte años. La escritura era ordenada, con renglones densos. Era un diario. Chloe se sentó y comenzó a leer.

Las páginas contaban la historia de una joven llamada Mia. Sobre sus días, su familia, la escuela, sus amigas. Pero lo más importante se encontraba más hacia la mitad: «He decidido escribirle una carta. No sé si llegará. Pero, ¿y si algún día él la abre, aunque sea después de años?»

Las siguientes páginas tenían otra letra diferente. No había descripciones de los días, solo pensamientos, como si alguien estuviera hablándolos en voz alta. Chloe leía emocionada; las frases tocaban algo dentro de ella: «Si estás leyendo esto, significa que has encontrado mi secreto. Significa que eres parte de la historia».

En la última parte había una carta. Sellada. En el sobre estaba escrito a mano: «Entregar a Emily o a su familia. Muy importante».

Chloe se llevó el diario a casa. Junto con su madre revisaron cuidadosamente cada página y encontraron la mención de una dirección que, para su sorpresa, aún existía. La casa se encontraba al otro lado de la ciudad. Días después, la madre de Chloe llamó a la puerta de madera con un número descolorido.

Les abrió una mujer de mediana edad. Cuando le mostraron el diario y la carta, sus ojos brillaron:

— Es… es Mia. Mi hermana. Se marchó cuando yo tenía ocho años. Perdimos el contacto. Mis padres han esperado por mucho tiempo. Yo pensaba que todo estaba perdido.

La carta la leyó en voz alta, aunque sus manos temblaban y su voz se quebraba. En ella, Mia escribió cómo echaba de menos a su familia, cómo temía regresar después de una discusión con sus padres y cómo había escondido ese diario en el quiosco con la esperanza de que algún día lo encontraran. «Si estás leyendo esto, significa que me atreví. O quizás no. Pero siempre pensé en ti».

La mujer abrazó con fuerza a Chloe y le dijo:

— No tienes idea de lo que has hecho. Nos has devuelto un pedazo de familia.

Un mes después, Mia misma regresó al quiosco. En sus manos, el mismo diario. Y a su lado, Chloe. Ambas se sentaron en silencio en el banco, mientras el sol se escondía tras los árboles.

Porque, a veces, las historias olvidadas solo esperan ser encontradas. Y que alguien las lea en voz alta, otra vez.

Leave a Reply